

Se le conoce como bárbaro a un pueblo o persona que pertenece a una civilización ajena, a la cual se considera primitiva o carente de las cualidades consideradas normativas. Suele referirse a las etnias ajenas a la cultura grecorromana, o bien al conjunto de pueblos que invadieron el Imperio romano entre los siglos III y VII de nuestra era. También puede aplicarse, en sentido figurado, a una persona excesivamente brutal o insensible a las artes y ciencias. Por extensión indica temeridad, desmesura o un desempeño fuera de lo común. El término es un exónimo que procede del griego (βάρβαρος) y su traducción literal es «el que balbucea». Fue usado por los griegos para referirse a todos aquellos pueblos que no compartían su lengua y cultura; en ese sentido no siempre era peyorativo y no implicaba inferioridad cultural; por ejemplo el imperio aqueménida o la cultura egipcia eran bárbaras, pero en algunos aspectos podían ser ejemplares o superiores a la griega. Hasta su incoporación al Imperio romano, también los ciudadanos de Roma y los pueblos de Italia, excepto italiotas, eran considerados bárbaros. A partir del Imperio romano, la forma latina del término, barbarus, se empleó para designar a aquellos pueblos que habitaban fuera de sus fronteras. En un primer momento bárbaro era aquel que no hablaba griego ni latín, las lenguas de cultura del Imperio, por lo que también había bárbaros en los dominios de Roma, como los íberos, los galos, los egipcios o los judíos. Con el